Cuando los docentes se encuentran con críticas y continuas exigencias o la constante sensación de ser ‘observados’, la atmósfera de confianza se deteriora
Nadie ha dicho que enseñar o ser maestro(a) sea una labor sencilla en la actualidad. El aprendizaje de los hijos(as) es una labor de corresponsabilidad entre la familia y la escuela, donde el respeto y la cooperación son elementos indispensables para que haya un espacio donde se pueda producir aprendizaje y pleno desarrollo de los alumnos(as).
En ocasiones los profesores(as) sienten miedo de enseñar, no a causa de la falta de vocación y/o de habilidades, sino por la percepción de posibles reacciones por parte de los alumnos o las alumnas, del grupo de estudiantes y del grupo de padres de los alumnos. Este miedo puede influir en el desempeño y limitar la posibilidad de implementar métodos creativos y efectivos en el aula.
aun así, reconocer el trabajo de los docentes, ya que son los agentes que la educación y la formación de nuestros hijos tendrán después de los padres. Reforcemos sus valores de responsabilidad y no hagamos del aula un espacio de discusión y enfrentamiento.
Un docente que no se siente acompañado podrá enseñar desde la pasión, la creatividad e incidir positivamente en el rendimiento escolar y emocional de sus hijos. Un clima tenso y amenazado, en cambio, limitará lo anterior. Los profesores necesitan espacios de confianza para ejercer plenamente su vocación, mientras que los padres, en su lugar, serán los aliados estratégicos del proceso docente.
Les invitamos a reflexionar sobre cómo sus palabras, acciones y actitudes pueden cambiar el clima en la escuela. Construyamos juntos un entorno comunitario educativo, donde el respeto, la colaboración, la confianza sean las claves del triunfo escolar de sus hijos.