Pareciera que el trabajo ya no es una parte importante en la vida de los universitarios. La semana pasada surgió la oportunidad de colaborar en un proyecto como tutores para apoyar a alumnos con dificultades de aprendizaje y académicas. Era una gran oportunidad para adquirir experiencia laboral antes de terminar la carrera.
Sin embargo, la pregunta fue: «¿Cuánto ganamos por ese trabajo?». Como la expectativa económica no se cumplió, nadie mostró interés en participar en el proyecto.
Pareciera que el verbo «trabajar» significa para ellos «dolor, sacrificio o algo inevitable para sobrevivir» y no una oportunidad. ¿Qué le pasa a esta generación?
Recuerdo que hace años los universitarios buscaban cualquier pretexto para practicar su profesión, adquirir experiencia y servir con sus conocimientos y habilidades a los demás, sin importar el ingreso económico.
Un estudio titulado «Monitoring the Future» (MTF), iniciado en 1975, analiza los cambios en las creencias, actitudes y comportamientos de los jóvenes en Estados Unidos. Según sus datos, en 1976 más del 40 por ciento de los jóvenes consideraba al trabajo la parte más importante de su vida; ahora, sólo el 16 por ciento lo valora como actividad esencial.
Podemos decir que, en los últimos años, la actitud de los jóvenes hacia el trabajo ha cambiado de manera significativa. Datos recientes indican que el porcentaje de jóvenes de 18 años que respondieron que no querrían tener un empleo si tuvieran suficiente dinero pasó del 22 por ciento, en 2020, al 29 por ciento en 2022.
Este aumento constante en sólo dos años refleja un giro en las motivaciones laborales de la nueva generación.
El trabajo ha sido tradicionalmente visto como una forma de sustento, crecimiento personal, socialización y contribución a la sociedad. Sin embargo, las nuevas generaciones priorizan el equilibrio entre el ámbito laboral y personal, lo que ha llevado a que algunos se cuestionen si es necesario continuar en empleos poco apasionantes cuando cuentan con los recursos para subsistir sin trabajar.
No obstante, esta tendencia puede plantear serios problemas: sin motivación, no hay desarrollo profesional y los sistemas económicos en crisis están a la orden del día.
El aumento de jóvenes que no perciben el trabajo como una necesidad indica un cambio de prioridades y valores que caracteriza a la nueva generación. El empleo no es únicamente un ingreso: es una herramienta fundamental para el crecimiento personal y profesional.
Trabajar desde joven no es sólo ganar dinero, sino construir un futuro con más posibilidades. El trabajo es una inversión en el futuro, en la madurez y en el aprendizaje continuo, lo que genera mayores oportunidades de crecimiento y desarrollo personal.