El pasado 10 de diciembre, EL NORTE publicó en primera plana de la Sección Vida un artículo titulado «Australia pone ejemplo: No redes a menores», en el que ese país se convierte en el primero en el mundo en establecer 16 años como la edad mínima para abrir una cuenta en redes sociales.
Con ello, menores de esa edad ya no podrán entregar sus datos, ni firmar contratos digitales con unas plataformas que están diseñadas para maximizar su uso, leerse, y experimentar adicción y dependencia emocional.
Derrotando a la mayoría de los padres la preocupación de ello; al mismo tiempo que existía el conocimiento de los riesgos de ansiedad, adicción, aislamiento, ciberacoso, la comparación tóxica y la distracción del tiempo conectado. Pero me surge la inevitable pregunta: ¿tener 16 años será suficiente?
La edad de «la adultez digital» se fijaba en 13 años, una estupidez si entendemos que a los 13 años un adolescente no tiene capacidad ni para comprender la entrega de datos ni para desarrollar la madurez emocional para oponerse a esos algoritmos que te atrapan. Además, las empresas nunca debieron verificar la edad: bastaba con que un niño tecleara «13» para ser adulto.
Australia rompió este esquema. A partir de ahora, los menores de 16 años podrán acceder a contenido, pero no podrán abrir cuentas ni mantener una relación comercial con plataformas que utilizan su información personal y sus vulnerabilidades emocionales.
Este simple cambio, anula la presión social y reduce la comparación entre niños: si no hay menores de 16, los padres dejan de ser «los malos» y recuperan autoridad. Es una protección digital para las personas más vulnerables, a las cuales no se les pueden eliminar del todo los riesgos que puede suponer.
Pero los 16 años no son una garantía de la suficiente madurez de la persona para tomar buenas decisiones y tener autocontrol. Aquí entra la neurociencia. El cerebro, a los 16 años, sigue siendo una «estructura en construcción», especialmente la corteza prefrontal, responsable del autocontrol, el juicio, el establecimiento de preferencias, la minimización de los deseos y la presión social.
Por esta razón, existen niveles más elevados de ansiedad, depresión, autolesiones y ciberbullying entre los 14 y 18 años, justo en el momento en que los adolescentes comienzan a entrar en el mundo digital, todavía con una madurez emocional y ejecutiva muy insuficiente.
¿Debería ser mayor la edad mínima? El grupo de expertos considera que 18 años es una edad más adecuada, pero la edad no lo es todo. Lo ideal sería ir hacia un modelo que estuviese más orientado hacia la madurez digital. Es esencial fomentar la inteligencia ejecutiva digital: habilidades de autocontrol, criterio y autocuidado emocional y crear contratos familiares claros respecto del uso de dispositivos y plataformas.
Australia dio un paso colosal en la protección legal de la infancia. Pero lo que nuestros hijos realmente necesitan no es cumplir años, sino formar carácter, autorregulación y madurez emocional.