Cada vez vemos más adolescentes que pasan horas hablando por el celular o interactuando con inteligencias artificiales que se presentan como «compañeros virtuales», en lugar de salir con sus amigos.
Este hecho, que podría parecer inofensivo, es en realidad un síntoma de un gran cambio de valores e incluso cultural: los adolescentes están reemplazando sus relaciones de amistad por vínculos virtuales.
En un estudio realizado en 2019, Jean Twenge, psicóloga de la Universidad Estatal de San Diego, analizó a más de ocho millones de adolescentes y presentó datos alarmantes: en los años 70, más del 50 por ciento de los jóvenes se reunían con sus amigos casi a diario. Para 2017, esa cifra había caído a menos del 28 por ciento, es decir, menos de 1 de cada 4.
El descenso fue marcado a partir de 2015 cuando comenzó a expandirse el uso de los teléfonos inteligentes. Hoy, los adolescentes van menos al cine, a fiestas o a centros comerciales y, en general, pasan una hora menos al día con sus amigos.
Podemos considerar que esta es la generación más solitaria de la historia.
En este contexto, la inteligencia artificial se consolida como un «amigo» perfecto: siempre disponible, nunca juzga, responde con rapidez y se adapta a las emociones del usuario. Sin embargo, este tipo de compañía digital conlleva varios peligros:
- No sustituye a la convivencia: no hay abrazos, miradas, risas compartidas ni complicidad genuina.
- Fomenta la dependencia emocional: los jóvenes pueden llegar a convencerse de que esa compañía virtual es suficiente.
La neurociencia ha demostrado que la empatía, la autodisciplina y las habilidades sociales se desarrollan en la convivencia real. Las conversaciones cara a cara estimulan el cerebro social, las áreas emocionales y los circuitos de la dopamina.
Un adolescente que reemplaza sus experiencias reales por interacciones digitales corre un mayor riesgo de sufrir ansiedad, depresión o anhedonia (la incapacidad para disfrutar).
Frente a esta realidad, los padres no son impotentes. Aquí van algunas recomendaciones prácticas: promover la convivencia presencial, establecer horarios sin pantallas, hablar abiertamente sobre la IA y, sobre todo, dar el ejemplo.
La verdadera tarea es enseñar a nuestros hijos que es posible y necesario cultivar amistades reales, porque son ellas las que aportarán fortaleza, sentido y alegría a sus vidas.