Una de las grandes preocupaciones que comentan los padres de familia es la dificultad de sus hijos para hacer amigos.
No es de extrañar, ya que muchos carecen de habilidades de interacción social por la falta de oportunidades de juego grupal espontáneo y el incremento en el uso de redes sociales, que crean amistades irreales y tóxicas.
Otros, por su parte, no están conformes con sus amigos, pues no cumplen las expectativas de «terapeutas» que les ayuden a solucionar sus problemas emocionales.
Como padres debemos poner atención en cómo fomentar relaciones significativas en nuestros hijos, ayudándolos a navegar en un mundo que a menudo parece demandar perfección en todo, incluidas las amistades.
Uno de nuestros trabajos más importantes es presentar a niños y adolescentes un concepto de amistad basada en el afecto, confianza y apoyo mutuo, libre de imposiciones sociales y especialmente que no se comporten como terapeutas centrados en solucionar sus problemas emocionales.
En estos tiempos queremos amigos que sean incondicionales, que estén siempre disponibles y que llenen vacíos emocionales profundos. Aunque estas expectativas pueden ser positivas, también generan presión y pueden hacer que percibamos nuestras amistades como insuficientes. Los amigos son compañeros que comparten nuestras alegrías y tristezas, pero no son restauradores de problemas personales y emocionales.
Los jóvenes enfrentan desafíos adicionales como el aumento del uso de la tecnología, el trabajo remoto y las crecientes demandas económicas que han limitado las interacciones presenciales, especialmente entre aquellos que aún viven con sus padres. Los padres debemos fomentar la capacidad de nuestros hijos para construir y valorar amistades basadas en el respeto mutuo, la confianza y la empatía y no en la dependencia y mucho menos en la búsqueda de la aprobación.
Es fundamental inculcar en nuestros hijos la importancia de comprender que las amistades brindan respaldo y felicidad, pero también es importante poner límites. Los amigos tienen la capacidad de escuchar y brindar apoyo, pero no tienen la obligación de solucionar dilemas emocionales complicados.
Contar con un amigo para desempeñar el papel de terapeuta puede poner demasiada presión en la amistad y, con el tiempo, perjudicarla. Los terapeutas cuentan con la preparación necesaria para orientar de forma adecuada, mientras que los amigos pueden ofrecer respaldo sin asumir compromisos ajenos.
Fomentemos la importancia de la empatía, educándolos en la habilidad de escuchar sin buscar resolverlo todo. Hay que promoverles la creación de vínculos más equitativos, respetuosos y beneficiosos para la salud. Comprendiendo estos límites, los niños podrán forjar amistades duraderas y disfrutar de relaciones que los apoyen en todas las etapas de su desarrollo.