Regresar al papel y lápiz

En los últimos años, varios sistemas educativos han comenzado a eliminar el uso de la tecnología con fines académicos, especialmente en las áreas de lectura, matemáticas y ciencias. Países que han sido pioneros en la digitalización, como Suecia, ahora están invirtiendo millones para volver al libro, al lápiz y al papel.

Esto puede sonar raro para padres y maestros: ¿no se esperaba que la tecnología fuera el futuro de la educación? La respuesta que ofrece la investigación reciente es más matizada: no es que la tecnología no ayude, sino que hay que tener mucho cuidado, porque es muy fácil pasarse de la raya y, sin un diseño pedagógico claro, puede perjudicar la atención, la lectura y el rendimiento académico.

Diversos estudios muestran que, en general, la comprensión lectora suele ser mejor cuando los alumnos leen en papel que cuando leen el mismo texto en pantalla, y esto es aún más claro en textos largos y complejos. Una revisión sistemática de 2023 encontró que leer en papel se relacionaba, en promedio, con una mejor comprensión que leer en pantallas, aunque la velocidad de lectura fuera similar.

Un estudio de la Universidad de Valencia, recogido por medios internacionales, apuntó que la lectura en papel podría potenciar el desarrollo de las habilidades de comprensión nada más y nada menos que entre seis y ocho veces más que la lectura digital.

Suecia, consciente de una «crisis de lectura» entre adolescentes y universitarios, ha correlacionado parte de la disminución de la comprensión lectora con el uso intensivo de las pantallas y ha invertido grandes recursos en la compra de más libros físicos y en el fortalecimiento de las bibliotecas escolares.

Cuando el estudiante lee en papel o trabaja con lápiz y cuaderno, la cantidad de estímulos es menor y el cerebro puede mantener el foco en una única tarea, una de las condiciones necesarias para que los nuevos aprendizajes se consoliden en la memoria a largo plazo.

¿Esto significa que la tecnología es «mala»? No. La gran mayoría de los expertos y expertas hablan de equilibrio. La tecnología puede ser muy útil para ciertas actividades: simulaciones científicas, laboratorios virtuales, acceso a fuentes de información, programas de apoyo para necesidades especiales, etcétera.

El problema surge cuando las pantallas, por moda, sustituyen aprendizajes significativos y efectivos, como aprender a leer mediante la lectura de un libro físico, la lectura en voz alta y la comprensión guiada, o aprender matemáticas a partir de ejercicios manuales, materiales manipulativos concretos y la explicación paso a paso.

Para padres, madres y maestros, el mensaje de esta «vuelta al lápiz y papel» es sencillo: menos pantalla no significa menos aprendizaje, sino que, generalmente, significa mejor calidad de aprendizaje.

En otras palabras: primero construimos un cerebro lector, atento y capaz de pensar con lápiz y papel, y luego la tecnología ha de entrar como elemento aliado y no como pieza de sustitución de aquello que la ciencia ya sabe que funciona.

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