¿Podemos imaginar que tu hijo, después de una frustración, sea consolado no por los brazos de sus padres sino por un muñeco que habla gracias a la inteligencia artificial?
Parece una historia de ciencia ficción, pero lo cierto es que ya está presente en algunos hogares.
El pasado 25 de junio, The New York Times publicó un artículo de Jessica Grose titulado «Los niños merecen algo mejor que ser consolados por bots (robots)». Un bot (abreviatura de robot) es un programa diseñado para realizar tareas por sí solo, sin intervención humana.
Mattel anunció un proyecto con OpenAI dirigido a juguetes con inteligencia artificial (IA). Si bien estos productos no están dirigidos a menores de 13 años, sabemos que es fácil saltarse esta barrera: basta con un correo electrónico falso.
Esto me recuerda la película Big Hero 6 (2014), donde en una ciudad futurista San Fransokyo, Hiro, un niño prodigio de la robótica, ante la muerte de su hermano mayor establece un vínculo emocional con Baymax, un robot inflable que se creó como asistente para la salud emocional y física.
Este acompañamiento artificial ya lo tenemos: millones de pequeños podrían estar siendo «criados» emocionalmente por máquinas que simulan el afecto. Recordemos que esta idea nació en 2015 cuando Mattel lanzó al mercado «Hello Barbie». Esta muñeca tiene la capacidad de grabar conversaciones con los pequeños y conectaba a la red. No tardó mucho en ser hackeada, dejando a los niños expuestos a los peligros del exterior sin que nadie hiciera algo.
Los investigadores que escribieron para la revista AI & Society en 2021 señalaban que el uso obsesivo de estos juguetes puede generar aislamiento, pérdida de habilidades emocionales y desconexión de la realidad; más, que los pequeños que crecen con máquinas pueden estar perdiendo capacidades como la comunicación cara-cara, contacto físico y crecimiento personal.
Grose, en su artículo de NYT, señala un ejemplo: el Snorble consuela a los niños cuando tienen miedo por la noche. Tiene un costo aproximado de 300 dólares y habla con los niños con voz infantil, les recuerda rutinas de sueño, usa luces relajantes, es capaz de narrar cuentos, responde a preguntas y trata de tranquilizar al niño y los padres pueden controlarlo con su aplicación.
¿Qué pasa si el primer consuelo o abrazo tras una pesadilla no lo dan los padres sino un juguete? No sólo se rompe un momento esencial, sino que deshumaniza el cuidado emocional, educando al niño para hallar consuelo en una máquina.
¿Qué podemos hacer? No es cuestión de demonizar la tecnología. Es conocer ventajas y riesgos. Los niños no necesitan juguetes que les entretengan de manera ininterrumpida ni máquinas que les consuelen: necesitan la presencia humana.
Los padres debemos preguntarnos qué tipo de infancia estamos dispuestos a construir: ¿una en la que le delegamos las emociones de nuestros hijos a un programa o una infancia donde el cariño y guía emocional proviene de los adultos?
Nuestros hijos no necesitan bots que hacen como que sienten afecto. Necesitan de nosotros.