Estoy impactado. En los últimos meses he conocido a decenas de adultos que han perdido sus empleos debido a la inteligencia artificial (IA). La mayoría son profesionistas, con un título universitario, que han sido desplazados como ingenieros en sistemas y programación, contadores, comunicadores, diseñadores gráficos, administradores, vendedores, entre otros.
Durante años se ha hablado de la inteligencia artificial como una promesa futura, pero esa conversación se ha convertido en realidad. La pregunta ya no es si la IA transformará los trabajos, sino a quién dejará fuera y a quién seguirá siendo necesario.
Pero, desde mi punto de vista, la realidad es otra. La inteligencia artificial no está eliminando trabajos, sino que está eliminando tareas cognitivas repetitivas, sintetizando procesos que pueden automatizarse y sustituyendo validaciones por datos, patrones y velocidad. Ahora, la IA es capaz de preparar presentaciones, analizar datos, traducir lenguas, atender a clientes y crear contenidos visuales y musicales.
Muchos de los jóvenes -y las escuelas que les enseñan- cometen el mismo error: educar a las personas para que parezcan máquinas. Se pone el acento en velocidad, eficacia, productividad, ejecución y cumplimiento de instrucciones. En eso, la IA es insuperable.
La inteligencia artificial no viene para competir con nuestra humanidad. Viene para ocupar todo aquello que no la requiera. El problema es que hemos educado a generaciones para funcionar como sistemas automáticos: sumisos, previsibles, evaluables mediante instrucciones simples. Cuando una persona sólo ejecuta, la IA lo hace mejor.
Ahora más que nunca es importante educar a nuestros hijos para que desarrollen habilidades humanas que la IA nunca podrá reemplazar. Quien no las desarrolle estará subordinado a la máquina o será reemplazado por ella. Nuestros hijos necesitan:
1 Desarrollar la inteligencia ejecutiva, cuyo objetivo es planificar, tomar decisiones, autorregular las emociones, priorizar lo importante, focalizar, regular las frustraciones, postergar la gratificación y valorar las consecuencias.
2 Aumentar su capacidad de pensamiento crítico y ético para determinar la jerarquía de las acciones.
3 Comunicación profunda, que implica hablar, escribir, escuchar y dialogar, con la claridad, el respeto y la persuasión humanas que permitan.
4 El sentido de la vida y el propósito son esenciales para evitar la manipulación, la apatía y el aburrimiento.
En otras palabras, la IA robará trabajos de poca profundidad humana. La pregunta para padres y escuelas no es: «¿Nuestros hijos saben usar IA?», sino: «¿Nuestros hijos saben pensar, decidir, sentir, crear y vivir como humanos?».
En breve será publicado el libro titulado Más inteligentes que la inteligencia artificial, en el que me ocupo de analizar los cambios tecnológicos que ya están modificando el mundo laboral y educativo, los peligros que enfrentarán nuestros hijos y qué tipo de estrategias parentales y educativas pueden funcionar mejor para que desarrollen habilidades humanas profundas.