Miles de opciones

Buen día
Te envío el artículo de hoy
Gracias

Miles de opciones

¿Cuántos de nosotros nos sentamos frente a un televisor y pasamos tiempo buscando la mejor película? En la actualidad tenemos acceso a miles de películas, series y documentales solamente con unos clics.

Esta abundancia de opciones puede parecer un privilegio de nuestro tiempo, pero conlleva una carga que afecta tanto a adultos como a niños: la parálisis de la elección, la frustración constante y la pérdida del verdadero disfrute.

Recordemos cuando éramos pequeños y veíamos lo que había en el televisor. Tal vez no era nuestro programa favorito, pero lo disfrutábamos porque no había más. Hoy, en cambio, nuestros hijos pueden pasar 20, 30 o hasta 45 minutos navegando entre títulos, leyendo sinopsis, viendo tráileres y descartando contenidos con un simple «No me gusta».

Este fenómeno tiene nombre: «Sobrecarga de elección». Según el psicólogo Barry Schwartz, autor del libro The Paradox of Choice (La paradoja de la elección), tener demasiadas opciones no nos hace más felices, sino más inseguros y el mundo nos parece aburrido. Sentimos que puede haber algo «mejor» y, al seguir buscando, nos produce ansiedad e insatisfacción.

Una vez que se elige algo para ver, muchos se sienten tentados a cambiar rápidamente, ya que existe la pregunta de si habrá algo mejor. Esta dinámica refuerza una actitud impulsiva y poco tolerante: si algo no me gusta de inmediato, lo descarto.

Este hábito puede trasladarse a otros aspectos: libros que no se terminan, actividades que se abandonan a la mitad, amistades que se desechan cuando surge un conflicto o tareas que no se concluyen porque «habrá otra cosa mejor».

Antes ver una película implicaba aceptar el ritmo de la historia, dejar que los personajes se desarrollaran y que la trama tomara forma. Ahora la urgencia por obtener satisfacción inmediata ha reducido la capacidad de nuestros hijos para tolerar la lentitud o la construcción narrativa y recurren a su celular para no perderse de lo que ocurre en ese instante entre sus amigos y no sufrir «FOMO» («Fear of Missing Out», por sus siglas en inglés: «Miedo a quedarse fuera»).

Esto puede parecer sin importancia, pero está moldeando cerebros menos dispuestos a la espera, menos tolerantes a la frustración y menos capaces de desarrollar habilidades como la atención sostenida y perseverancia.

Los estudios en neurociencia muestran que cuando una persona completa una actividad -aunque no haya sido perfecta- el cerebro libera dopamina, una sustancia relacionada con la satisfacción. Si constantemente se interrumpe, cambia o se abandona una tarea (como cambiar de película a los 10 minutos), el cerebro no experimenta esa sensación de logro. ¿Qué podemos hacer?

  1. Poner límites, escoger una sola película y comprometerse a verla 30 de minutos antes de decidir si continuar o no.
  2. Enseñar a reflexionar sobre la elección. Preguntarse: «¿Qué es lo que te ha resultado llamativo de esta película?» o «¿Qué te habría gustado conocer o disfrutar de esta historia?».
  3. Recuperar la experiencia compartida: ver una película en familia y charlar sobre los personajes construye lazos.

Enseñar a nuestros hijos a comprometerse con aquello que escogen, a esperar y a disfrutar el proceso supone un regalo muy superior al catálogo infinito de cualquier plataforma.

Deja una respuesta