Una maestra de Ingeniería me comparte el WhatsApp de un alumno que le envió para justificar no entregar de un trabajo.
En la parte superior del mensaje aparece el siguiente texto: «Claro, aquí tienes un ejemplo de correo que podrías enviar». Esto evidencia que el chico tuvo que recurrir al ChatGPT para pedirle que le redactara una justificación por su irresponsabilidad.
Pareciera que muchos jóvenes ya no tienen la capacidad de tener un razonamiento propio para enfrentar situaciones o problemas cotidianos. Me imagino en el futuro un muchacho que quiera declararse a su chica le dirá: «Espérame un momento. Quiero que me diga el ChatGPT las palabras para expresar mi amor».
No estoy en contra del uso de la tecnología y menos de la aplicación de Inteligencia Artificial. Proporciona ventajas incuestionables como la optimización de la eficiencia y el acceso expedito a la información, pero también presenta retos que pueden restringir el avance del pensamiento autónomo.
Su mal uso puedo provocar que los alumnos adquieran una dependencia de la IA para la redacción de conceptos, lo que disminuye su habilidad para reflexionar y organizar sus pensamientos de forma autónoma. Al emplear la IA para ensayos o respuestas se corre el riesgo de aceptar las recomendaciones sin someterlas a investigación.
En mis clases pongo el siguiente ejemplo para que mis alumnos comprendan la importancia de no perder nuestra autonomía de pensamiento a pesar de tener a la mano toda la información. Les digo: «Tomen una calculadora porque van a realizar una suma. Ahora sumen 2+2». Me dicen que la respuesta es 4. Entonces, les pregunto: «¿Cómo saben que es correcta la respuesta de la calculadora?». Me responden que porque aprendieron a sumar con piedras, regletas o con sus dedos y, al contar la respuesta, es 4.
Les explico que si la calculadora les hubiera dado 3 de respuesta y no tuvieran el aprendizaje previo tendrían un resultado erróneo. Esto mismo pasa con la IA: no podemos depender ciegamente de sus propuestas, porque pudiéramos depender de ideas o hechos erróneos.
Escribir una tarea o ensayo usando solamente el ChatGPT puede inhibir a los estudiantes de explorar su propia voz y estilo al redactar. Además la IA suele fundamentarse en patrones preexistentes y datos acumulados, lo que podría restringir su originalidad.
Si no regulamos el uso de la IA en los muchachos puede disminuir la motivación para realizar investigaciones, análisis y pensamiento profundo sobre un asunto, minando el esfuerzo intelectual requerido para abordar problemas de alta complejidad.
La IA puede constituir un instrumento potente para respaldar el proceso de aprendizaje si se emplea de manera adecuada. Hay que impulsar a nuestros hijos a ser pensadores críticos y creadores activos, en vez de ser meros usuarios de la tecnología.