Miedo a decir ‘No’

Durante una conferencia sobre el uso y abuso del celular, una mamá preguntó: «Doctor, ¿cómo puedo decirles a mis hijos que no pueden usar su celular en la hora de la comida sin que se enojen?».

Muchos padres y abuelos comparten un sentimiento: temen que al decir «no» sus hijos o nietos se alejen emocionalmente, se frustren o los rechacen. Este miedo no es raro ni nuevo, pero se ha intensificado.

Podemos encontrar causas por las que muchos adultos tienen miedo de decir «No»: experiencias pasadas, que muchos crecimos en hogares con normas rígidas, castigos severos o falta de afecto; falta de tiempo, donde los padres trabajaban muchas horas, y miedo a no ser queridos, donde algunos temen que imponer reglas dañe la relación con el niño o adolescente.

Otra causa puede ser la confusión con el amor. A veces se cree que amar es decir «sí» o permitir todo.

Los niños y adolescentes que crecen en ambientes sin límites pueden sentirse confundidos, inseguros y ansiosos. Aunque no lo digan, necesitan saber que hay un adulto que los oriente y corrija.

A continuación presento sugerencias para no sentirnos culpables al implementar reglas a nuestros hijos:

  1. La disciplina es una forma de protección: establecer reglas no es un acto de castigo, sino de cuidado. Decir: «No puedes estar cinco horas al día en el celular» es una forma de proteger la salud mental y el bienestar de tu hijo o nieto.
  2. Firmeza con respeto y amor: Puedes decir «No» con ternura. Una regla clara no necesita violencia para ser respetada.
  3. Explicar las razones: No se trata de imponer. Hay que explicar las razones para dormir ocho horas, jugar, leer y estar con la familia.
  4. Involucrarlos: En la medida de lo posible puedes negociar ciertos aspectos.
  5. Recuerda el rol de ser madre y padre: No estás para complacer, sino para formar. Los hijos y nietos tendrán amigos en su vida, pero sólo una madre, un padre o un abuelo que les enseñe a vivir con responsabilidad.

Lo importante es no tener miedo de poner límites y decir «No». No los estás dañando: los estás preparando para la vida.

Existe inquietud entre padres y abuelos: «Si le digo que no, ¿estoy violando sus derechos? ¿No se supone que tienen libertad?». Este pensamiento, aunque bien intencionado, puede generar confusión. Es cierto: los niños y adolescentes tienen derechos, pero también tienen necesidades educativas que requieren guía, límites y firmeza.

Poner límites claros y con cariño no vulnera los derechos de los niños, sino que los fortalece.

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