Como padres queremos que nuestros hijos crezcan seguros y desarrollen una buena práctica de sus habilidades sociales, pero ¿hemos pensado qué están aprendiendo de nosotros?
Esta semana, una maestra que atiende a niños en un campamento de verano me escribió: «Maestro, es increíble lo que observo en los niños. Casi todos los días juegan a la ‘oficina’, usando bloques como si fueran teclados de celular y pantallas, y entre ellos se decían frases como: ‘No tengo tiempo para ti’ o ‘Estoy ocupada'».
El aprendizaje de nuestros hijos es importante, ya que está influenciado por quienes están a su lado. Por eso conviene recordar que también aprendimos a través del ejemplo que nuestros padres nos daban, hasta llegar a considerarlos una guía.
Lo que más llamó la atención a la maestra fue la forma en que interactuaban como si fueran adultos «ocupadísimos» frente a una pantalla; por tanto, huían de la presencia y conversación con sus hijos.
Antes, los niños jugaban a la escuelita, a la familia, a ser superhéroes o a cuidar bebés. Jugaban a charlar y resolver problemas en común. Cada vez vemos a más niños jugando a ignorarse mientras usan un celular.
Vivimos en un mundo en el que los dispositivos han pasado a ser una extensión de nosotros; papás que, mientras caminan con sus hijos, miran las notificaciones o trabajan, en tanto sus hijos piden una mirada o un rato de atención.
Los niños aprenden a relacionarse con nosotros y a observarnos. Si ven que sus padres dejan a un lado el celular para mirarlos a los ojos, sienten y aprenden que son importantes, que sus palabras valen, que su mundo cuenta. Si, en cambio, siempre ven que el smartphone importa más, aprenden que vale la pena dejar de insistir y que es mejor entretenerse solos.
La pandemia también dejó un claro rastro: muchos niños pasaban horas frente a las pantallas mientras sus padres trabajaban en casa. Las pantallas sirvieron para entretenerlos, pero limitaron la interacción y la conversación real.
No hay que eliminar los dispositivos, son herramientas útiles, pero es necesario tener momentos para atender a los niños, dejar el teléfono cuando te piden ayuda, escucharlos sin distracciones y entrar en su mundo.
La próxima vez que tu hijo te diga: «¿Te puedo preguntar algo?», intenta poner el celular a un lado, míralo a los ojos y dile: «Por supuesto, te escucho.» Este pequeño gesto puede engrandecer el mundo de tu hijo y aumentar su autoestima.