Generación ‘Vigilia’

A nuestros hijos los podemos definir como un Generación «Vigilia». No se refiere a que viven ayuno, penitencia o abstinencia por estar en periodo de Cuaresma, sino por la acción de estar despiertos o en vela.

La etimología de la palabra proviene del latín que significa estar vigilando o ser vigía. En marzo se publicó el libro titulado Generation Sleepless, de Heather Turgeon y Julie Wright, terapeutas de matrimonios y familias, así como especialistas en sueño, que nos hace poner mayor atención ante esta nueva epidemia que viven nuestros niños, adolescentes y jóvenes.

Los padres tenemos la misión importante de formar y crear hábitos saludables en nuestros hijos y uno de ellos es el buen dormir. Pero parece que no es importante en este siglo 21: varios estudios nos indican que el ser humano hoy duerme, en promedio, dos horas menos que hace 50 años. La luz eléctrica ha traído un cambio biológico en nuestro ritmo de sueño-vigilia. El cerebro no produce melatonina, hormona del sueño, por la prolongación de la exposición de luz en la noche. La oscuridad manda una señal a nuestro cerebro que indica que ya es tiempo de dormir.

Turgeon y Wright nos informan en su libro de las graves consecuencias neurológica ante un déficit de sueño. El alto incremento de trastornos emocionales como la ansiedad, depresión y estrés crónico tienen su causa en la mala calidad y pocas horas al dormir.

Reducir horas del sueño incrementa el riesgo de salud mental, mayor producción de cortisol (hormona del estrés), bajo rendimiento y mayor número de lesiones físicas a los atletas, así como mal funcionamiento cerebral en sus procesos de atención, solución de problemas, memoria y éxito académico.

Dormir cinco horas o menos en promedio cada día aumenta un 80 por ciento la probabilidad de deserción escolar, altos niveles de depresión y baja autoestima. El déficit de sueño afecta negativamente a la región del lóbulo frontal del cerebro encargada de la toma de decisiones, autorregulación, control de impulsos, jerarquía, inicio y persistencia en la tarea y juicio. Los investigadores afirman que carecer de horas de sueño es muy similar a los efectos del consumo del alcohol.

El sueño es muy necesario para fortalecer la información adquirida durante el día y transferir las memorias de corto a largo plazo. Al dormir poco, el hipocampo, encargado en almacenar las memorias, no podrá retener y menos recordar lo aprendido.

El sueño es la actividad más importante y más ausente entre los jóvenes universitarios. Alumnos que el día anterior durmieron poco tienen un desempeño en clase sumamente pobre: distracción, poca comprensión y retención, incapacidades cognitivas para analizar, sintetizar y solucionar problemas, gran apatía y mínimo esfuerzo para realizar su proceso de aprendizaje.

En estudios recientes se encontró que el sueño afecta al buen funcionamiento del sistema glinfático en el cerebro, cuya función es eliminar los desechos y las toxinas que se han acumulado en el sistema nervioso central. Dormir bien es crucial para fortalecer el sistema inmune. Las personas que duermen, en promedio, cinco horas o menos producen 50 por ciento menos anticuerpos que los que descansan ocho horas o más.

Tener un buen hábito del sueño es muy importante especialmente en la adolescencia cuando ocurre una gran transformación corporal y cerebral. Necesitan dormir un promedio de nueve horas para una buena reorganización cerebral y madurez psicológica. Fomentemos entre nuestros hijos y jóvenes el hábito del buen dormir. Será por su bien.

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