Esta semana recibí un correo de una mamá muy preocupada por el alto contenido pornográfico que envían y reciben los adolescentes a través de sus redes sociales: “Mi hija de 11 años recibió de un compañero de escuela en su WhatsApp un sticker porno. Aunque el tamaño es pequeño de la imagen, la escena es muy explícita y XXX. Siempre reviso el celular todas las noches e inmediatamente lo di de baja del grupo. Para mi sorpresa no era la única imagen que había recibido. Descubrí emojis haciendo blow job (sexo oral). Notifiqué a las mamás de los niños del mismo chat que tengo confianza para avisarles de este hecho y que estén al pendiente y supervisando los celulares. Sé de otras mamás que los chicos y chicas desde los 10 y 11 años están mandando sus packs a sus amiguitos y sin saber las consecuencias. Hablé con mi hija para pueda hablar fuerte y decir: “No mandes eso…” o “No uses esas palabras”. Y si no hay cambio, salirse del grupo. Tengo muchos candados con el internet de mis hijos, pero jamás imaginé que los stickers pudieran ser un peligro… pero SÍ, lo son… Invito a todos los papás estar alertas de lo que nuestros hijos envían y reciben en sus celulares. Nunca había hablado sobre este tema con mi hija y aproveché para decirle los peligros que tiene ver pornografía. Hay que protegerlos porque desde pequeños pueden recibir contenidos que por su corta edad les puede afectar toda su vida.”

¿Sabemos lo que hacen o miran nuestros hijos cuando no estamos presentes? Probablemente NO, o quizás creemos que los conocemos tan bien y pensamos “nuestro hijo nunca lo haría.” La tecnología no solamente ha traído muchos beneficios para la humanidad, sino también grandes retos a los padres y peligros nocivos para nuestros hijos. Muchos de ellos han sustituido nuestra tutela y orientación por el internet y compañeros para aclarar inquietudes en el tema de la sexualidad.  La mayoría de ellos inician la consulta de la pornografía no por curiosidad sino por accidente o influidos por la presión de grupo y sus redes sociales. Hace unas semanas un chico de 10 años me mostró cómo en su Instagram recibe gran cantidad de solicitudes para ver porno. Cada vez más niños entre 8 y 10 años llenan su cerebro de imágenes y videos distorsionados sobre la intimidad física y crean escenarios y expectativas totalmente repugnantes de lo que es una sexualidad sana. ¿Qué pasaría si nuestro hijo de 11 años ve un video de un hombre contorsionista haciéndose blow job? Perdonen mi “corrientada” (En México significa decir algo de mal gusto), pero nuestros hijos están expuestos a un mundo no solamente muy adelantado a su edad sino, además totalmente absurdo y tóxico.

A principios del próximo mes de septiembre publicaremos un nuevo libro titulado “PORNO: La droga más adictiva, precoz y destructiva de nuestros hijos” que expone sus implicaciones en la vida personal, escolar, social, profesional y de pareja. Ver pornografía a edades muy tempranas hay mayor riesgo que se convierte en una adicción. La neurociencia nos dice que ver pornografía es una de las actividades que el cerebro produce más dopamina (neurotransmisor que produce placer y responsable de crear dependencia) y la mantiene por más de 4 horas produciendo sensación de placer en una exposición de solamente 15 minutos. Es muy importante no entregar la tecnología muy pronto y menos sin supervisión y con un diálogo abierto y racional. Seamos centinelas y no espías. Centinela es la persona que está alrededor de una ciudad y anuncia con voz fuerte algún peligro que amenace a la comunidad. Seamos centinelas sin miedo que advirtamos a nuestros hijos de los riesgos y pongamos los medios para protegerlos de este enemigo silencioso que llega a sus recámaras mientras dormimos.

familia21
Sección Vida
Periódico El Norte