Muchos hemos escuchado o visto la serie surcoreana El Juego del Calamar o Squid Game, vista en más de 90 países.

La trama gira alrededor de más de 450 personas que, desesperadas por su situación económica, arriesgan su vida en diferentes juegos para ganar un poco más de 45 millones de wones.

 

Sin embargo, los perdedores tienen un destino fatal. Su contenido de violencia y adicciones es fuerte y no apto para niños o adolescentes hasta los 15 años, según su clasificación o rating.

 

Probablemente se convertirá en una de las series más populares y vistas de todos los tiempos alcanzando a más de 111 millones de televidentes.

 

Hay muchos papás preocupados por la influencia que puede tener en sus hijos. Gran cantidad de psicólogos y terapeutas alertan sobre los riesgos emocionales y de salud mental por los juegos sangrientos en sus escenas.

 

En Inglaterra están muy alarmados porque los niños replican los juegos y se castiga cruelmente a los perdedores.

 

Recordemos que el aprendizaje social es uno de los factores más importantes de la socialización de los niños. Skinner y Albert Bandura, grandes psicólogos del comportamiento, afirman que la imitación y el modelaje son clave para el desarrollo de la personalidad de los niños y adolescentes.

 

La neurociencia habla de las «neuronas espejo» que son células cerebrales encargadas de aprender al ver y escuchar de nuestro medio ambiente.

 

Me enoja mucho cómo a los niños les arrebatan su inocencia y aumenta su ansiedad y estrés ante la exposición violenta de estos juegos.

 

La exposición extensa de violencia televisiva puede causar imitar la agresividad. En mi opinión este show debe ser para muchachos mayores de 18 años y a ningún menor de edad debe permitírsele verla aún en compañía de un adulto. Los personajes del Juego del Calamar son torturados, mutilados y asesinados con un placer sádico.

 

Este aprendizaje influye en los niños disminuyendo su sensibilidad en el dolor ajeno y compasión ante cada acto de crueldad sin importar si es mujer u hombre.

 

Muchos padres de familia creen que pueden permitir que sus hijos puedan ser expuestos a cualquier tipo de programa sin importar su clasificación y edad.

 

Algunos papás que permiten a sus hijos de 8 y 9 años ver esta serie justifican el hecho diciendo: «Todos sus amigos y compañeros la ven y además, estoy con ellos por si tienen alguna pregunta». ¿Sabemos que pasa en sus mentes? ¿Creemos que si les explicamos cada escena evitaremos el impacto emocional en su cerebro? ¿Cómo pueden los padres monitorear lo que su hijo ve? ¿Sabemos su nivel de sensibilidad emocional ante asesinatos crudos?

 

Muchos niños pueden pensar que éste es un comportamiento aceptable ya que sus padres los acompañan, no les muestran límites y sus compañeros narran con mucho entusiasmo cada una de las escenas brutales.

 

No debemos de permitir destruir su infancia debido a un programa de televisión para adultos. La presión de muchos papás es enorme y no desean ir a contracorriente. Tienen un gran temor de que sus hijos sean excluidos, rechazados o buleados porque no ven esta serie y no pueden participar en sus conversaciones y juegos.

 

Aprendamos a cuidarlos y a detener este juego peligroso. Tengamos el valor de decir «NO» ante situaciones que pueden lastimar su interior y su salud mental.

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