Intercambio de amor

Navidad es una de las épocas de más estrés paramuchos papás. La presión crece para conseguir los mejores regalos y juguetes para la familia. ¿Nos hemos puesto a pensar cuánto gastamos en regalos, cena y adornos? Probablemente miles de pesos. Claro que el aguinaldo nos ayuda aliviar los gastos, sin embargo ¿cuántos sufrimos la cuesta de enero? Probablemente muchos.


Desafortunadamente se ha comercializado la Navidad y nos han hecho creer que el amor se mide por la cantidad que gastas en el regalo. ¿Cuántos juguetes reciben nuestros hijos por los abuelos, tíos y familiares? Probablemente más de una decena y sin contar lo que reciben de Santa.

Algunos papás guardan la mayoría de los juguetes y se los entregan poco a poco cada mes porque al abrirlos todos no saben qué hacer y los olvidan en un rincón. Escuche este fin de semana pasada unos abuelitos angustiados decir: “Necesitamos a ir a la juguetería a comprarles los juguetes a los nietos, pero están carísimos y no sabemos si nos alcance.”

Necesitamos cambiar esta percepción falsa que el amor se mide por el costo del regalo. Por qué no cambiamos esta creencia por una nueva práctica llamada: Intercambio de amor. ¿En qué consiste? Es muy parecida al juego: amigo secreto. Existen varias aplicaciones digitales como SecretSanta o Gift 2 Gift que ayudan a seleccionar en forma aleatoria a los miembros que participan en el intercambio. La condición es que sea elaborado personalmente y no comprado.

La felicidad va más allá que un juguete o celular. Es el sentimiento de bienestar y satisfacción que se vive en la familia, en la escuela y en la sociedad. La felicidad está en el dar y no el recibir. ¿Cuántos de nuestros hijos están dispuestos a regalar? Ustedes me cuestionarán: “Pero no tienen dinero.” Regalar no es necesario dinero, es poner en disposición tu persona, trabajo y tiempo al otro. Si a tu hijo le gusta dibujar, pídele que elabore tarjetas de Navidad a su familia con su puño y letra o que te ayude a hacer algunas galletas.  Este domingo pasado desayunando, se me acercó una señora y me dijo: “Maestro, a usted lo veo en la televisión y lo leo cada domingo en el periódico y quisiera regalarle estas galletas que las hice en mi casa como agradecimiento por su trabajo en la comunidad. Tengo más de 80 años y las hice pensando en usted.” Me conmovió tanto y ha sido uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida. Por cierto, eran de nuez y estaban riquísimas. ¿Qué mejor regalo que recibirlo desde el corazón y con amor?

No hay problema comprar, pero no podemos educar a nuestros hijos que el mejor regalo es el que cuesta más. Qué satisfacción sentirán los abuelos cuando escuchen de su nieto: “Abue, me la pasé toda la mañana haciendo estas galletas que te gustan y pensando en todo lo que nos quieren.” ¡Qué gran regalo! Este es el verdadero sentido de la Navidad. Dar y recibir desde el corazón. Ojalá nunca lo perdamos y que nuestros hijos lo hereden para toda su decendencia.

MUY FELIZ NAVIDAD PARA TODOS CON MUCHO AMOR Y DESDE EL CORAZÓN.  

Familia21​​​

Sección Vida

​​Periódico El Norte

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