En un mundo cada vez más expuesto a la lógica digital, muchos padres de familia se ven ante la disyuntiva de cuándo pueden entregar un celular a sus hijos.
Un estudio en Florida, que figura en el informe Life in Media Survey 2025, presenta una tendencia donde los menores reciben su primer celular antes de cumplir 9 años. Así, niños de 11 años recibieron su primer teléfono a la edad de 8.6 años; los que tenían 12 años, a los 9.5 años, y los que tenían 13 años lo obtuvieron a los 10.4 años.
Adelantar la edad puede tener consecuencias en el desarrollo de nuestros hijos, especialmente en un retraso en la adquisición de funciones ejecutivas como atención, memoria de trabajo, control de impulsos, planificación y autorregulación.
Si bien hay padres que piensan que un celular aporta autonomía, seguridad e instrumentos de educación, lo cierto es que su uso a temprana edad se encuentra asociado con los riesgos que muchas veces los adultos no saben.
Debemos saber que, a los 8 o 9 años, el cerebro infantil aún construye las conexiones necesarias en zonas del cerebro relacionadas con la autorregulación, el juicio crítico y la inteligencia emocional. Por tanto, exponerlos a contenidos digitales, a redes sociales o a videojuegos, puede generar una sobreestimulación de la dopamina, neurotransmisor del placer y la motivación, lo que dificulta hallar satisfacción en actividades como la lectura, el juego o la convivencia familiar.
El estudio menciona que más de la mitad de los niños ha sido víctima de ciberacoso y, aunque sólo accedan ocasionalmente a las redes, el problema es grave: basta una crítica o rumor para que su salud pueda ser afectada.
A estos niños acosados por Internet se les presenta una probabilidad tres veces mayor de sentirse, a la vez, deprimidos y sin controlar su enojo e impulsividad.
Las diferentes plataformas exigen a los usuarios contar con una edad de 13 años para abrir una cuenta, sin embargo, el 60 por ciento de los niños de 11 y 12 años tienen redes sociales, sin que los padres lo hayan autorizado. Con ello los exponen a contenido inadecuado, presión social, comparaciones y dependencia de la aprobación externa.
El smartphone no es un juguete. La mayoría de los padres creen que sus hijos sólo lo utilizan para juegos o comunicarse, pero ignoran que es una puerta a contenidos, personas y algoritmos para captar la atención y hacerlos adictos.
¿Qué podemos hacer? Postergar la entrega del primer celular hasta después de los 13 años. También, fomentar la alfabetización digital, explicarles consecuencias cerebrales y emocionales. Y, además, colocar normas sobre horarios, zonas sin pantallas, límites en redes sociales, uso con supervisión, no pantallas al dormir.
Regalar un celular a los 8 o 9 años no es un acto de amor ni de modernidad, sino una decisión que puede tener serias consecuencias en su desarrollo emocional y cerebral. Como padres, debemos asumir la defensa de la infancia, priorizar su bienestar emocional y fomentar su desarrollo sin depender de una pantalla.
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