Para todo hay edad

Esta semana tuve la oportunidad de impartir un taller para adolescentes (secundaria) en San Luis Potosí sobre el tema “EL VALOR DE DECIR NO.” En mi exposición presenté los riesgos del cerebro y las adicciones (Nicotina, vapes o cigarros electrónicos, alcohol, marihuana, redes sociales, videojuegos y pornografía) en la adolescencia. En la sesión de preguntas, un chico de 2º de secundaria realizó el siguiente cuestionamiento: “Maestro, ¿permite la ley que tome alcohol 24 horas antes que cumpla 18 años?” Mi respuesta fue tajante: “NO”. Y me respondió: “¿Por qué no? Si solamente son pocas horas para que sea mayor de edad.” Entonces, le contesté: “¿A qué hora naciste?” Y me dijo: “Alas 2 pm.” Y le dije: “Puedes tomar alcohol cuando cumplas 18 años y necesitas esperar hasta las   2 pm.” Los chicos deben entender que no son caprichos de adultos el fijar edades para que puedan vivir ciertos privilegios como ir a dormir a cierta hora, ver algunas películas o series de televisión, tomar alcohol o llegar a casa por la noche. El cerebro tiene periodos críticos para su desarrollo y madurez. No es lo mismo tomar alcohol a los 12 que a los 21 años. El cerebro en la adolescencia está en una de sus transformaciones más fuertes de la vida. De cada 10 adultos adictos, 9 iniciaron en la adolescencia. La habituación de cualquier conducta, buena o mala, se puede convertir en una dependencia para toda la vida. Las áreas y sustancias cerebrales, como el núcleo accumbens y dopamina, están relacionadas con la función de la recompensa y placer, y en la pubertad son muy sensibles y su riesgo de adicción es muy alto.

Nuestros hijos viven experiencias muy complejas y muy por arriba de su madurez. Desde los 5 y 6 años experimentan vivencias de adolescentes como algunas series de televisión, sitios de internet y caricaturas. Y los adolescentes al entrar al internet sin supervisión y filtros se exponen a un mundo explícito y crudo que distorsionan la percepción de ellos mismos y su realidad. Hace unos días conocí una chica de 16 años que quería casarse con un joven de 27 años y solamente lo conoce por internet. Me decía: “Maestro, realmente lo amo. Ya tengo más de 1 año de noviazgo. Es un buen hombre: honesto, trabajador, cariñoso, responsable e inteligente.” Y le pregunté cómo lo sabia y me respondió: “He revisado sus redes sociales y no hay nada malo de él.” Su única verdad es la de ellos, sus amigos e internet. Y si tratamos de convencerlos de su error, piensan que estamos contra ellos y nuestros consejos los toman solamente como una crítica destructiva. Sus creencias se convierten en estilos de vida. La semana asistí a una secundaria donde había un nivel alto de violencia de chicos contra chicas: las insultaban verbalmente, las maltrataban físicamente y no las respetaban. Al hablar con los adolescentes me comentaban que tratarlas así era normal. Todos las tratamos así y, además, a ellas les gusta. Y les pregunté ¿por qué creían que les gustaba? Su respuesta me impactó: “En los videos porno, las chicas lo disfrutan.” Papás necesitamos que nuestros hijos vivan cada etapa de su vida con plenitud y no exponerlos a experiencias que están más allá de su madurez.

 

Familia21​​​​

Sección Vida​​​

Periódico El Norte

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