Nadie quiere pensar

Semanas atrás, en una de mis clases, una estudiante narró al grupo la fábula de Esopo «El león y el ratón», que trata, en síntesis, de un león que estaba durmiendo en el bosque cuando, de pronto, pasó un ratón por su cuerpo e hizo muchísimo ruido. El león, furioso, lo atrapó y estuvo a punto de comérselo.

Entonces el ratón le pidió perdón y le dijo que le ayudaría en el futuro, y el león, muy divertido, lo dejó irse. Un tiempo después, el león cayó en una trampa de cazadores. El ratón escuchó el rugido del león, corrió hacia él e hizo un agujero en las cuerdas de la trampa hasta liberarlo.

Al finalizar la narración, pregunté a mis alumnos sobre la moraleja y fue increíble que la mayoría me volviera a dar un resumen o hechos de la historia, pero fuera incapaz de inferir su enseñanza.

Esta experiencia me hizo recordar el artículo de la periodista Mary Harrington, «Thinking Is Becoming a Luxury Good» («Pensar se ha convertido en un lujo»), publicado el 28 de julio pasado en The New York Times, donde lanza un aviso que todos los padres deberíamos escuchar: la lectura y el pensamiento profundos, así como la atención plena, están desapareciendo.

Harrington asistió a una escuela Waldorf (una escuela centrada en el desarrollo del pensar, sentir y actuar, y con poca tecnología), en la que leer libros, imaginar y pensar formaba parte de la vida cotidiana. No había pantallas.

Nuestros hijos, en cambio, ven interrumpidos sus tiempos en lugar de profundizar en lo que están haciendo. La satisfacción instantánea «entrena» a nuestro cerebro: este se adapta y deja de concentrarse por más de unos minutos.

Harrington apunta que, en muchos países de la OCDE, los resultados de lectura han empezado a descender y los niños leen menos libros que nunca. La mayoría de los padres acaba entregando la atención de sus hijos a los algoritmos, y la posibilidad de pensar se convierte en un privilegio para muy pocos.

Los videos y las redes son comparables a la comida basura para el cerebro, como en el concepto definido de brainrot, expresión popular y digital que se usa para describir el deterioro mental o cognitivo causado por el exceso de consumo de contenido superficial y adictivo.

Hoy leer un libro entero es casi algo imposible, que requiere mucho esfuerzo y sacrificio. La lectura lenta ejercita la memoria, la empatía y el razonamiento: las tres habilidades más necesarias para la juventud a la hora de afrontar la vida y no dejarse dominar por lo inmediato.

Harrington concluye que pensar se ha convertido en una forma de lujo, cuando en realidad debería ser una forma de libertad. Si queremos tener hijos que sean capaces de decidir y de amar profundamente, tenemos que enseñarles a proteger su atención como si fuera oro.

En un momento en el que las pantallas ocupan cada segundo, educar para pensar es el acto de amor y de justicia social por excelencia.

familia21@elnorte.com

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