Esta semana leí un artículo de la revista Scientific American titulado «Mondays Really Are More Stressful on the Brain and Body» («Los lunes son realmente muy estresantes para el cerebro y el cuerpo»).
Después de leerlo me di cuenta de que tiene razón. Generalmente los lunes, a las 8:30 horas, tengo clase en la universidad y observo que la mayoría de mis alumnos llegan cansados, desmotivados y sin energía para aprender.
Y les pregunto: «¿Por qué llegan tan fatigados?». Deben estar con la mejor disposición, ya que tuvieron un buen descanso. Y esto no es excepción para los días de puente.
Es más que probable que hayas oído la expresión «Los lunes ni las gallinas ponen», porque para muchos adultos y adolescentes el primer día de la semana es como una sorprendente cuesta arriba: hay que levantarse pronto, volver a la rutina.
Este malestar no es sólo de carácter psicológico. Las ciencias lo corroboran: los lunes son, de manera global, el día más estresante de la semana y pueden llegar a tener consecuencias medibles en el cerebro y en el cuerpo.
Durante décadas se han realizado estudios que documentan un fenómeno conocido como «Monday blues» o depresión de los lunes. Las estadísticas indican que los niveles de ansiedad, el estrés y, de hecho, hasta los riesgos cardiovasculares, aumentan durante ese día.
Algunos estudios han encontrado hasta un 19 por ciento más de posibilidades de padecer infarto o muerte súbita cardíaca un lunes, tanto en hombres como en mujeres, de cualquier edad.
Lo que se puede destacar de esta experiencia es que este efecto no desaparece en el momento en que dejamos el trabajo. Se descubrió que las personas con ansiedad dominical presentan un sistema de respuesta al estrés activo durante meses, incluso en la vejez y en la jubilación.
Dicho de otro modo, el cuerpo «recuerda» tener estrés los días lunes, aunque la oficina y la escuela ya no existan.
¿Qué le pasa al cerebro un lunes? Cuando una amenaza o una carga insostenible son percibidas por el cerebro, este activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), el eje central que organiza la respuesta al estrés. Esta activación provoca la liberación de una hormona que nos ayuda a mantenernos alertas y focalizados.
Estudios anteriores ya habían observado que los niveles de cortisol son más elevados entre semana que durante los fines de semana.
Los lunes no son nuestros enemigos. Más bien, con microrrutinas e implementación de hábitos protectores, su efecto adverso disminuye, y así podemos enseñar a nuestros hijos cómo afrontar el estrés.
Lo que el cerebro necesita en esos momentos de crisis no es más presión, sino más cuidado, conexión y calma.