El tercero de la discordia

Me llama la atención que, hace 20 años, uno de los problemas que enfrentaban muchas parejas era encontrar momentos para estar juntos, ya que el trabajo, cuidar a los hijos o cumplir con sus compromisos les robaban instantes de conexión.

En la actualidad, muchos matrimonios comparten el mismo espacio físico, pero no su atención. En todos los lugares y momentos aparece la gran discordia: el celular.

El teléfono fue desarrollado para comunicarnos con el mundo, pero en muchas ocasiones hace justo lo contrario: nos desconecta de las personas que están más cerca de nosotros. El amor no solo necesita sentimientos; también requiere presencia con atención. Escuchar con interés, mirar a los ojos, compartir historias del día o simplemente estar ahí son actos que consolidan el vínculo emocional.

Recibir una notificación genera una expectativa de recompensa en el cerebro, lo que hace formar el hábito de revisar el teléfono una y otra vez, muchas veces sin darse cuenta. De esta forma, la conducta puede volverse automática. El problema no está en el teléfono, sino en que este compite por la atención de las personas.

En psicología de las relaciones hay un término que describe esta situación: el phubbing (ignorar a alguien para mirar el teléfono). Por muy banal que parezca, este tipo de conductas produce lo que algunos investigadores han denominado «microdesconexiones emocionales».

Imaginemos una situación cotidiana: uno de los miembros del matrimonio explica algo que le ha sucedido durante el día y el otro está pendiente de una notificación del teléfono. Aunque responda verbalmente, la falta de contacto visual y de atención plena puede dar la impresión de que «no es tan importante lo que estoy contando». Cuando este tipo de interrupciones se repite con frecuencia, debilita, de forma lenta y paulatina, la sensación de cercanía.

Para los padres con hijos, este tema tiene una dimensión adicional. Los niños aprenden por observación y modelado social. Cuando observan que los padres dan prioridad al teléfono sobre la conversación familiar, pueden interpretar que el dispositivo es más relevante que la comunicación entre las personas.

En el matrimonio y la familia debemos tener presente un apunte esencial: dedicar atención también es una forma de amar. Mirar a los ojos, escuchar con interés o compartir momentos de presencia auténtica son fórmulas que cultivan los circuitos cerebrales de la conexión emocional, la empatía y el apego.

Quizás el reto del matrimonio contemporáneo no sea tecnológico, sino profundamente humano: aprender a estar otra vez presente de manera genuina. Porque en una relación de amor, el lugar que ocupa una pantalla debería ser el de la persona con la que hemos decidido vivir. Evitemos que el tercero de la discordia llegue a nuestra recámara.

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